Introducción

Vamos por buen camino. Como es lógico y habitual, no era tarea fácil introducir un nuevo concepto terapéutico partiendo de una base que apuntaba en otra orientación. Y es que, estimado lector, la Fibra Dietética —como decía Heaton— no es una sustancia, sino un concepto. Más aún, es una serie de conceptos diferentes en la mente del botánico, químico, fisiólogo, nutricionista o gastroenterólogo. Sin embargo, después de haber surgido las lógicas dudas y el necesario cuestionamiento científico, el concepto de Fibra Dietética comienza a ocupar el lugar que le corresponde dentro del arsenal terapéutico actual. Ha sido necesario realizar múltiples trabajos experimentales y clínicos para confirmar una parte de las hipótesis formuladas por los epidemiólogos, como Burkitt y Trowell, para comenzar a considerar la Fibra Dietética como algo más que un aporte necesario para nuestra dieta habitual.

Sin embargo, no hemos hecho más que empezar. Hemos entrado en el buen camino, no sólo porque la comunidad científica comienza a concederle a la Fibra Dietética una atención especial, sino porque hemos conseguido interesar igualmente a la población en general, lo que debe, sin duda, constituir un motivo de satisfacción. Desde el punto de vista de la salud pública es de gran trascendencia que aquella paciente hasta ahora fascinada por el “rápido efecto” de un laxante drástico comience a valorar el “lento” efecto de la fibra y que se la recomiende a sus familiares y amigos en lugar de las píldoras o gotas milagrosas. Valga este hecho solo como un simple ejemplo, ya que la utilidad terapéutica de la Fibra Dietética traspasa, con mucho, los límites del tratamiento del estreñimiento crónico.
A partir de este momento favorable, debemos apoyar todas aquellas iniciativas destinadas a fundamentar científicamente todas las hipótesis establecidas sobre la Fibra Dietética y continuar la labor informativa iniciada. La población comienza a interesarse por el tema; sin embargo, es necesario aclarar numerosos conceptos erróneos. Existe, por ejemplo, una gran confusión sobre los requerimientos diarios de fibra y sobre su contenido en los diferentes alimentos. Asimismo, es absolutamente necesario diferenciar la ingestión de fibra a través de la alimentación y su consumo en forma de preparados farmacéuticos. Esta última debe ser prescrita por el médico, quien la recomendará en las indicaciones y dosis adecuadas. En todo caso, la administración crónica de un preparado de fibra debe someterse al criterio y control del profesional sanitario.

Después de una profunda reflexión nos hemos decidido a titular esta Monografía como La fibra terapéutica. Somos conscientes del significado y la trascendencia de este título, pero, por otro lado, estamos convencidos de que los últimos resultados de la investigación nos permiten utilizar el adjetivo “terapéutica” para calificar una serie de propiedades farmacológicas de la fibra. A partir de ahora es, además, importante que hagamos la necesaria diferenciación entre la fibra dietética, es decir, la que ingerimos diariamente con nuestra alimentación, y aquellos tipos de fibras que, en forma de preparaciones farmacéuticas, se utilizan en el tratamiento de determinadas patologías.  Con estos preparados se han realizado y están realizando numerosos estudios clínicos, destinados a fundamentar científicamente las propiedades profilácticas y terapéuticas de la fibra.

Es nuestro deseo, que la presente monografía La fibra terapéutica contribuya a aclarar, al menos, los aspectos más interesantes sobre sus propiedades y efectos terapéuticos y, sobre todo, a despertar el interés por su estudio y utilización.