| La fibra en la infancia |
La cantidad de fibra ingerida por la población infantil y, sobre todo, adolescente es inferior a la actualmente recomendada. Cada vez más se conocen los múltiples efectos de los diferentes tipos de fibra dietética, no sólo sobre el tracto gastrointestinal, sino también sobre el metabolismo.
Si bien son necesarios estudios clínicos en la población infantil que confirmen los resultados obtenidos con la fibra dietética en los adultos, la ingesta adecuada de fibra en los niños debería promover un óptimo hábito deposicional, prevenir el cáncer relacionado con la alimentación, reducir los niveles plasmáticos de colesterol y, con ello, reducir el riesgo cardiovascular, además de prevenir la obesidad y las alteraciones metabólicas asociadas. Disponemos actualmente de datos sobre la influencia de la ingesta de fibra y la frecuencia de la obesidad, así como de datos de donde se deduce que los niños con estreñimiento ingieren menor cantidad de fibra total e insoluble que los individuos de control1-3.
Uno de los posibles efectos perjudiciales de la fibra es la carencia en minerales esenciales. Es posible que las dietas ricas en fibra comprometan la biodisponibilidad de ciertos minerales esenciales como calcio, hierro, cobre, magnesio o cinc. Ello puede deberse no sólo a la fibra dietética, sino a que ciertos vegetales contienen grandes cantidades de fitatos que pueden formar compuestos insolubles con estos minerales dificultando su absorción y, por lo tanto, su metabolismo. Sin embargo, la mayoría de los estudios realizados hasta el momento han demostrado que el ser humano es capaz de adaptarse a cantidades relativamente altas de fibra dietética, equilibrándose las entradas y salidas de estos minerales al cabo de unas semanas. En un estudio realizado en niños4 no se observaron alteraciones secundarias a la disminución de la biodisponibilidad de estos minerales, cuando la ingesta de fibra se situó en las cantidades recomendadas5.
Como estrategia preventiva se ha recomendado que los niños mayores de 2 años adopten, de manera gradual, una dieta disminuyendo en un 30 % la ingesta de lípidos saturados y totales, y en 10 % el aporte total de calorías. La mayor parte de las calorías debería proceder de los hidratos de carbono complejos. Los beneficios que aporta esta dieta son los mismos que se observan con el aumento de la ingesta de fibra, pero existe el valor añadido de que, en este caso, los nutrientes provienen de una gran cantidad de fuentes alimentarias.
Se han establecido normas o recomendaciones sobre el consumo de fibra en los niños, proponiendo la aplicación de la regla “edad más 5” para determinar la cantidad de fibra dietética que resulta más adecuada para los niños pequeños. Así, por ejemplo, un niño de 5 años tendría que consumir 5 + 5 = 10 g de fibra al día. Cuando la ingestión de fibra de un niño se acerca a la del adulto, un total de 25 g sería la pauta recomendable y bien tolerada6.
En resumen, es fundamental habituar a los niños a ingerir alimentos ricos en fibra dietética, no sólo por los posibles beneficios que ésta puede aportar sobre todo en el sistema digestivo y el metabolismo, sino porque estos alimentos (cereales, legumbres, frutas y verduras) son además muy ricos en minerales y vitaminas indispensables para su crecimiento y desarrollo adecuados.
BIBLIOGRAFIA
1. De Morais MB y cols. Teor de
fibra alimentar e de outros nutrientes na dieta de crianças com e sem
constipaçao intestinal crônica funcional. Arq Gastroenterol 1996; 33 (2): 93-99.
2. McClung HJ, Boyne L, Heitlinger L.
Constipation and dietary fiber intake in children. Pediatrics 1995; 96 (5):
999-1002.
3. Roma E, Adamis D, Nikolara R, Constantopoulos A, Messaritakis J. Diet and chronic constipation in children: The role of fiber. J Pediatr Gastroenterol Nutri 1999; 28 (2): 169-174.
4. Williams CL, Bollella M. Is a high-fiber diet safe for children? Pediatrics 1995; 96: 1914-1019.
5. Dr. Jordi Salas, II Simposio Internacional sobre Fibra, Madrid, 16 octubre 1998.
6. Normas para los profesionales sanitarios del Comité de Nutrición, “American Heart Association”, Linda Van Horn, PhD. RD