La fibra dietética en la nutrición actual

En la revista Nutrition Science News de abril de 1997, se publicó un interesante artículo con el siguiente encabezado: “Nutrición en el Paleolítico: tu futuro depende de tu pasado dietético. Los genes humanos, formados durante millones de años de evolución, hacen mala pareja con las dietas modernas altamente -elaboradas”1.

En el citado artículo se hace una curiosa revisión de las características cualitativas de la alimentación humana en la época del paleolítico. Los cazadores de antaño consumían más de 100 especies de frutas y vegetales, las que llegaban a aportar hasta 100 g de fibra dietética al día. Al respecto debemos recordar que las recomendaciones actuales oscilan entre 20 y 30 g de fibra al día, cantidad difícilmente alcanzable, como demuestra el estudio realizado por Gladys Block (Universidad de California), de donde resulta que sólo el 9% de la población norteamericana ingiere esta cantidad recomendada.

La conclusión final de esta publicación se centra en constatar un hecho evidente: el hombre actual presenta unas características genéticas similares a las de sus antepasados de hace cientos de miles de años. Sin embargo, en los últimos 40 años, especialmente la población occidental, ha cambiado radicalmente sus hábitos dietéticos. Mientras nuestra dieta entonces era muy rica en legumbres, frutas y vegetales, actualmente predominan las proteínas y grasas de origen animal. Este cambio ha constituido la base epidemiológica para relacionar numerosas enfermedades metabólicas y del aparato digestivo con la falta de fibra en nuestra dieta.
 
 

La típica "hamburguesa", símbolo de una comida rápida y de un gran atractivo psicológico y social en la población juvenil.

Aunque la causa de los cambios dietéticos observada en Occidente en los últimos años es plurifactorial, está ligada a la transformación de sociedad rural en urbana, a la mayor disponibilidad de medios económicos para alimentarse y a la mayor variedad de alimentos entre los que se puede elegir. El habitante de una ciudad, dispone de la renta suficiente como para decidir qué quiere comer, sin tener que preguntarse qué hay para comer.

En esta elección no siempre acierta. Los alimentos poco elaborados son más bastos, obligan a una masticación más trabajosa y suelen ser baratos, vulgares y con escaso prestigio social. Los alimentos refinados tienen menos peso y se transportan mejor, además tienen un valor añadido que los hace más rentables para las empresas comerciales que se encargan de promocionarlos2.

Lo cierto es que nuestra dieta actual contiene poco o muy poco residuo, por falta de la necesaria fibra contenida especialmente en las legumbres, verduras y frutas. Esta carencia supone, en la persona adulta, un factor de riesgo que contribuye al desarrollo de numerosas enfermedades. Sin embargo, en la niñez y adolescencia constituye un alarmante error dietético, ya que va a influir decisivamente en la aparición precoz de enfermedades graves como la obesidad, la diabetes, la hipercolesterolemia y otras del sistema digestivo, como el estreñimiento crónico, la diverticulosis y el cáncer de colon. De hecho, muchas de estas enfermedades se inician en la edad pediátrica, aunque se expresan clínicamente, en la mayoría de los casos, a partir de la cuarta década de vida.

Al aumento del consumo de alimentos de origen animal y al descenso de los de origen vegetal, hay que añadir, especialmente en los niños y adolescentes, la aparición de la televisión con sus mensajes repetitivos sobre determinados alimentos de gran atracción psicológica y social para ellos. Se trata, la mayoría de las veces, de productos elaborados, con un alto contenido en grasas saturadas y carbohidratos, de escaso valor nutritivo, y ausencia total de fibra dietética.

El estudio GALINUT3,4, realizado en 7.000 niños y adolescentes de Galicia para valorar su estado nutricional y perfil lipídico, pone de manifiesto un aporte elevado de energía, grasa total, grasa saturada y colesterol en nuestros niños y jóvenes y, por el contrario, una ingesta insuficiente de hidratos de carbono y fibra. Además, se demuestra una prevalencia elevada de obesidad y niveles de lípidos con alto riesgo aterogénico.
 
 

La mayoría de los niños se niegan a comer verduras. Esa imprescindible fomentar su consumo mediante recetas apetitosas y adaptadas a su edad

La fibra dietética que ingerimos habitualmente se encuentra en el grupo de los carbohidratos. Estos forman parte esencial de nuestra alimentación y podemos clasificarlos en dos grupos: aprovechables y no aprovechables.

Los carbohidratos aprovechables (digeribles y absorbibles) están constituidos por azúcares libres o solubles y polisacáridos (almidones), que forman el apartado de los carbohidratos que pueden ser utilizados y metabolizados.

Los carbohidratos no aprovechables (no digeribles o poco absorbibles) están formados principalmente por celulosa, hemicelulosa, sustancias pécticas y lignina, es decir, la fibra dietética (debe recordarse que la lignina no es un carbohidrato, sino un polímero condensado de ácidos y alcoholes fenilpropílicos). La fibra no debe considerarse como “no aprovechable”, dado que sabemos que los ácidos grasos de cadena corta, generados por fermentación en el colon, pueden ser utilizados no sólo por la propia microflora, sino por el colonocito. Más aún, tales ácidos pueden absorberse y utilizarse a continuación.

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BIBLIOGRAFIA
1. Nutrition Science News, abril 1997.
2. Maté J y cols. Fibra dietética en medicina. Actualizaciones temáticas en Gastroenterología. Jarpyo Editores y Laboratorios Madaus,1996; 4.
3. Tojo R y cols. Dietary habits of preschool and school-aged children: Healt risks and strategies for intervention. Feeding from toddlers to adolescence. In: Ballabriga A (ed.). Nestlé Nutrition Workshop Series Vol. 37. Philadelphia: Lippincott-Raven Publishers, 1996; 93-115.
4.Tojo R, Leis R, Recarey D, Pavón P. Nutrient deficiencies and excess in school children. Nutrition, environement and child healt. SIPPS and ESSOP. Milán, 1996; 94-95.
5. Rojas Hidalgo E. La fibra dietética. In: Rojas Hidalgo E (ed.). Los carbohidratos en nutrición humana. Madrid: Grupo Aula Médica, 1994; 119-138.